Un mandamiento en vez de 613
“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.” Marcos 12:30 (RV1960)
En el pasaje de este día Jesús está en Jerusalén, en los primeros días de la así llamada Semana de la Pasión y durante los cuales había sido seguido y observado acuciosamente por los escribas y fariseos, pues buscaban encontrar motivos suficientes para acusarle ante el Sanedrín de sedicioso y así, aprenderle y aun matarle.
Había un escriba quien después de escucharle y sopesar sus conceptos en temas tan difíciles como “el pago de impuestos” al gobierno romano que les oprimía y el dar ofrendas, de quién desciende el Mesías, así como la resurrección, etc., este especialista de la ley, lo califica con un “¡Muy Bien!” Y entonces formula la pregunta: “¿Cuál es el primer mandamiento de la ley?” (v.28). Entendamos que “la piedad tradicional judía” exigía el cumplimiento de todos y cada uno de los llamados “mandamientos específicos”, y según los rabinos judíos eran nada más y nada menos ¡613! Recordemos que Deuteronomio 6:4-9 formaba parte medular de la oración diaria de todo judío piadoso, “...estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón...”
Y, ¿qué a ti y a mí, quienes ya somos hijos por adopción mediante el sacrificio vicario y expiatorio, por la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en la cruz del Calvario, a través de la fe en El? Tú y yo ahora vivimos no ligados, esclavizados a 613 mandamientos específicos, sino “libres con la libertad con que el Hijo nos hizo libres”, dando gracias al Padre quien nos hizo libres y aptos para participar de la suerte de los santos en luz y gozando de la libertad y el privilegio de acercarnos al trono de la gracia, para hallar gracia y oportuno socorro.
Finalmente, entre tanto, amemos al Señor con toda nuestra mente, nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas, que mientras vivamos más cerca del Señor, estaremos más motivados y dispuestos para amar, servir, y ayudar a nuestro hermano y prójimo. Como dice el siguiente versículo, “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12:31).
José Ángel González Alonso
Diácono y discipulador, ICBG
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