El arte de amar
"Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano... Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación" Romanos 14:13,19 (RV1960)
El pasaje de hoy nos recuerda lo que es importante para el reino de Dios, muestra que nuestras opiniones personales respecto de lo que hacen los demás y que lo que no nos gusta o no entendemos, no es lo que nos debe ocupar sino el que evitemos ser piedras de tropiezo (estorbos) para los demás y que hagamos todo lo necesario para mantener la paz y la mutua edificación.
En él pasaje completo Pablo esta explicando que en el reino de Dios no importa lo que se come ni lo que se bebe. Más bien, lo que importa es hacer el bien, vivir en paz y con alegría. Y enseña que todo esto puede hacerse por medio del Espíritu Santo. Que si servimos a Jesucristo de esta manera, agradaremos a Dios y la gente nos respetará. Pide que vivamos en paz unos con otros, y que nos ayudemos mutuamente a crecer más en la nueva vida que Cristo nos ha dado.
Lo que nos divide como pueblo de Dios, es malo. “Divide y vencerás”, pareciera ser el lema del enemigo de los cristianos, el diablo, pero en realidad “Divide et impera”, esta milenaria frase latina es parte de las enseñanzas que el maestro chino Sun Tzu usó en su obra “El arte de la guerra”. El núcleo de la filosofía de este guerrero descansa en estos dos principios: “Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño”, “El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar”.
¿Pero cuál es el “arte” que como cristianos debemos dominar? Yo diría que es el arte de amarnos los unos a los otros, el Gran mandamiento (Mateo 22:37-40) nos enseña: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma y toda tu mente”, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Toda la ley y los profetas se encuentran en estos dos mandamientos. – Así que mientras Sun Tzu escribió para sus generales instrucciones de cómo ganar la guerra o como enfrentar la batalla con engaños y dividiendo al enemigo, cinco siglos después Jesús dejó sus instrucciones para el pueblo de Dios, lo dijo muy claramente: - "Ama a tu Dios con todo tu corazón; es decir, con todo lo que piensas y con todo lo que eres” y “ama a tu prójimo como te amas a ti mismo”.
Entonces ¿Qué hacemos cuando las personas hacen cosas que sabemos no están bien? ¿Qué hacemos con quienes no hacen lo que deberían estar haciendo? ¿Qué hacemos con quienes viven bajo estándares diferentes a los nuestros y pecan contra Dios?
Amarlos, eso es lo que debemos hacer, eso nos ayudará a mantener la paz entre nosotros y además es algo que servirá de edificación. De hecho, es la única estrategia que nos permitirá conservar la unidad en el Espíritu, que es lo que realmente importa y debe tener preponderancia sobre todo lo demás, Pablo dice en Filipenses 2:2-3 (BLS) - Les pido a todos ustedes que me hagan totalmente feliz, viviendo en armonía y amándose unos a otros. Pónganse de acuerdo en lo que piensan, deseen las mismas cosas y no hagan nada por orgullo o sólo por pelear. Al contrario, hagan todo con humildad y vean a los demás como mejores a ustedes mismos. – En su primera carta Pedro escribe sobre un amor entrañable, de corazón puro: - Dios los ha limpiado de todo pecado: para que se amen unos a otros sinceramente, como hermanos. Así que, ámense mucho unos a otros, con todo su corazón y con todas sus fuerzas. - 1 Pedro 1:21-23 (BLS)
Si queremos ser de edificación y efectivos siervos de Dios, ministros de su evangelio, luz en medio de la oscuridad, sal de la tierra, es decir, ganar ésta guerra espiritual, hemos de aprender a amarnos los unos a los otros lo suficiente para mantener la paz y la mutua edificación.
Alma Miriam Hernández Peinado
Coordinadora del Ministerio de Discipulado, ICBG
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