¿En quién está depositada tu fe?
“ Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 JUAN 5:4-5)
El Señor nos ha proporcionado un medio sencillo, pero aleccionador, para probar la espiritualidad cristiana: nuestro amor por El se puede medir según nuestro amor por los demás. Y todos sin excepción, hemos fracasado en esa prueba. Cada vez que nos negamos a extender una mano de ayuda o a escuchar a un amigo que sufre, a refrenar una lengua de crítica, nos estamos negando a amarlo u obedecer sus mandamientos. Nos resistimos a dejar nuestro egoísmo y no queremos aprender a amar al prójimo como a nosotros mismos, porque pareciera que nuestro amor está centrado en la parte que dice “nosotros mismos”. ¡Así no podemos madurar, no podemos avanzar!
En Hebreos 12:1, “…Teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia,” está la clave: despojarnos de ese lastre que nos impide madurar, nos impide alcanzar la libertad, nos impide vivir la plenitud de la vida cristiana, nos impide vivir en victoria.
John Powell escribió:
“Una vez que le das a Jesús el sí de la fe, y aceptas su plan para la plenitud de vida, ya no es posible que el mundo entero gire en torno a ti, tus necesidades y tus gustos; será necesario que gires en torno al mundo, procurando vendar sus heridas, amando a los muertos para que vuelvan a la vida, encontrando a los perdidos, apreciando a los despreciados y dejando muy atrás todas las preocupaciones egoístas y parasitarias que nos absorben el tiempo y la energía.”
¡Tenemos la libertad para elegir ser maduros! Arranca nuestro egoísmo Señor, y ayúdanos a aprender a amar al prójimo como a nosotros mismos, a fin de que al hacerlo te amemos con todo nuestro corazón.
Ramón y Ana Lilia De la Peña.
Ramón es líder en el ministerio de Administración y Maestro en Escuela Dominical, ICBG.
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