27 octubre 2009

DIA 24 Octubre 27

LIBRES PARA MADURAR
Jesús es la verdad que te hace libre


“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Juan 8: 31-32

-¿Qué es la verdad? -preguntó Pilato a Jesús en una ocasión… pero no esperó la respuesta, se retiró de su presencia. El, como todo buen romano ilustrado, estaba al tanto de todas las doctrinas filosóficas de su tiempo, pero no entendió el planteamiento de Jesús. ¡Claro!, si los judíos mismos estaban desconcertados. Jesús no estaba hablando de filosofía, ni de conocimiento intelectual, él estaba hablando de una nueva forma de vivir que mostraba con su ejemplo de manera perfecta.

En Juan 14:6 vemos que Jesús dijo, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. De aquí se deduce que “la verdad” no es un conjunto de datos, de pensamientos estructurados, de ideas bonitas, etc. “La verdad” es una persona, es ÉL… Dios mismo hecho carne y sangre, o sea un ser humano real en el tiempo y en el espacio -Jesús-. “La verdad” no es un estado místico al que vas a llegar por aislamiento y ejercicios de respiración. “La verdad” es una persona que tiene la capacidad de comunicarse contigo y que está pidiendo que lo sigas, que le obedezcas, que adoptes una nueva forma de vivir a pesar de los pesares, no por un momento, no por una temporada, sino de manera constante, ya que solo entonces te conviertes en un verdadero discípulo de Jesús. Entonces él, Jesús, te dará la libertad espiritual, porque él es “la verdad”, la libertad espiritual no se conquista, se recibe como un don. Es decir que mientras yo no sea un verdadero discípulo de Jesús, yo soy esclavo del pecado, de las faltas, de los errores, de los extravíos. No puedo madurar espiritualmente, quiero pero no puedo.

Y en la medida que conozco a Jesús, su naturaleza, su deidad, su ministerio, su misión, su gracia, etc., en esa medida voy a madurar espiritualmente y eso tiene que reflejarse en mi manera de vivir, como dice 2 Corintios 3:18, “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.

De manera que tenemos que parecernos cada día más y más en carácter a nuestro Señor Jesucristo aunque con nuestra propia personalidad, con nuestra propia individualidad que nos ha sido dada en ese don maravilloso que es nuestra vida nueva en Cristo.
Mauricio Reyes
Discipulador, ICBG

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