¿De qué manera se han beneficiado los demás de lo que Dios te ha dado?
“Peca el que menosprecia a su prójimo; Mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado.” Proverbios 14:21
Nos consideramos buenos o malos cristianos dependiendo, según nosotros, del compromiso que tengamos con nuestra iglesia; si asistimos regularmente a los servicios, si leemos la Biblia y oramos, si diezmamos, si participamos en un ministerio… Cuando estudié la carrera de medicina, asistí a la facultad, leí y estudie muchos libros, invertí dinero, hice prácticas y realicé mi servicio social junto con muchos compañeros, algunos más sobresalientes. Pero en la practica de nuestro ejercicio profesional, como se dice “otro gallo nos cantó”. Algunos especialistas sólo consultan a quienes pueden pagar sus honorarios; otros, pudiendo hacer algo por los demás no lo hacen argumentando carga laboral o justificando que nada se puede hacer por el paciente. De la misma manera, nosotros podemos sentirnos superiores espiritualmente ya que tenemos el conocimiento de la verdad en Jesucristo. Y aunque El es la verdad, consideramos a nuestro prójimo no merecedor (por su condición espiritual) de compartirle de todo lo que tenemos y sabemos hacer. Para el proverbista esto es pecado. Recordemos que el espíritu cristiano está enfocado en el servicio a los demás y no al de nosotros mismos. Si pudiendo hacer algo por el prójimo no lo hacemos, lo estamos menospreciando y cometemos pecado. “Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17).
La palabra misericordia significa dar o recibir lo que no se merece. Esta debe ser una actitud característica de todo cristiano. Se nos invita a ser misericordiosos con los pobres, pero no solo con aquellos que viven en situación económica precaria, a quienes no debemos olvidar extenderles la mano; sino también con los pobres del conocimiento de la verdad, con todos aquellos que viven alejados de Jesucristo y con quienes convivimos día a día. Se menciona además que ya es bienaventurado quien tiene misericordia. Nuestro Señor lo reafirma en Mateo 5:7.
Estemos concientes que nuestro compromiso no se limita al servicio que realizamos para nuestra iglesia. Debemos mostrar nuestro amor a Jesucristo teniendo misericordia con los que no han sido alcanzados, nuestros familiares, compañeros de escuela y trabajo, nuestros vecinos y con quienes nos topemos el día de hoy. Y que al actuar con misericordia, lo hagamos “con alegría” (Romanos 12:8).
José de Jesús González
Colaborador en Brigadas Médicas y Discipulador, ICBG.
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