Sin importar nada más a tu alrededor
Juan 9:35-38 “Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.”
El contexto de este pasaje es la historia de un hombre ciego de nacimiento a quien Jesús le devolvió la vista usando un poco de lodo y agua. Al responder a los fariseos que había sido sanado a través del poder de Dios en Jesucristo durante el día de reposo es expulsado inmediatamente de la sinagoga y declarado pecador, mentiroso e ignorante de la ley ante todo el pueblo, incluso sus padres no quisieron saber del asunto. Sin embargo; a este hombre pareciera no importarle ninguna de esas acusaciones ni su condición social con tal de saber que podía ver claramente todo lo que existía a su alrededor. Al seguir su camino se topa con un hombre desconocido (que obviamente jamás había visto) que le pregunta: -¿Crees tú en el Hijo de Dios? Al reconocer que era Jesucristo quien estaba delante de él se postra y le adora sin importar nada mas a su alrededor.
En alguna ocasión asistí a una congregación en la que una hermana de aproximadamente 70 años, adoraba a Dios brincando, dando vueltas con gritos de júbilo y manos levantadas mientras el grupo de alabanza tocaba. Impactado por la energía y vitalidad de la hermana me vi incluido en el grupo de personas que miraban atónitos aquella libertad para expresarle a Dios adoración. Era claro que para esta mujer ninguno de nosotros existíamos a su alrededor, solo eran ella y Dios; al igual que aquel hombre ciego postrado a los pies de Jesucristo. ¡Qué escena!
Actualmente, usted y yo tenemos la misma libertad para adorar al Padre, tenemos libre acceso a su presencia a través de Jesucristo, hemos sido sanados de nuestra ceguera espiritual para abrazar la vida eterna, hemos sido perdonados de nuestros pecados y ahora podemos ver claramente el futuro. Estas y muchas razones más tenemos usted y yo para agradecer y adorar a Dios, y sin importar si lo hace a través de la música, del canto, recogiendo o contando ofrendas, predicando, orando, etc., hágalo con libertad, con un corazón lleno de gozo y agradecimiento, no importando si alguien lo mira o no.
Lemuel Vázquez Moreno
Director del Grupo de Alabanza ¡Exáltale!, ICBG
Director del Grupo de Alabanza ¡Exáltale!, ICBG
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