Todos tienen algo para contribuir a la edificación de los demás
“26 ¿Qué concluimos, hermanos? Que cuando se reúnan, cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación. Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia” 1 Corintios 14:26 (NVI).
Uno de mis “pasatiempos” favoritos es leer. Además tengo la bendición de no sufrir ningún tipo de mareo al viajar. Y como cada fin de semana tenía que viajar solo 3 horas del Seminario a Cuautla, Morelos, y 3 horas más de regreso, pues ¡devoraba todos los libros que podía! Aun recuerdo como si hubiese sido ayer, aquella tarde hace 16 años, llegando a Oaxtepec fui atrapado por la lectura de la experiencia del hermano Robert Barclay, quien vivió hace más de 300 años. Su relato no sólo me transportó en la imaginación a aquel lugar, también Dios lo usó para despertar el anhelo por disfrutar algún día de lo mismo.
“Recibí la Verdad y testifico de ella no por la fuerza de los argumentos o por la disquisición de cada doctrina y la convicción de mis pensamientos, sino por haber sido secretamente cautivado por esta vida. Porque cuando entré a las reuniones silenciosas del pueblo de Dios sentí que en ellas había un poder secreto que impactó mi corazón; al dejarlo obrar, descubrí que se debilitaba el mal en mí, pero el bien se fortalecía. Fue así como llegué a estar tan unido e identificado con ellos, deseando más y más de este poder y vida que me hacen sentirme perfectamente redimido. Y, ciertamente, este es el camino más seguro para llegar a ser un cristiano” (Citado en Samuel Shoemaker, The Church Alive, p. 101).
Robert Barclay estaba hablando sobre grupos pequeños de cristianos que se reunían en las casas. Ahí, en el nivel más íntimo y personal, no mediante argumentos o el debate de las ideas, sino por el poder en la vida de cada persona ahí reunida, este prolífico escritor de antaño fue cautivado por el Señor.
Las posibilidades de experimentar lo que el texto de este día describe se incrementan en este tipo de reuniones: unos cuantos, tal vez unos 8, que cuando se reúnen cada quien trae algo para edificar a los demás. Alguien viene con una alabanza para compartir, otro ha preparado un pasaje de la Biblia que Dios utilizó para edificarle, una señora ha preparado un delicioso pan que comparte con los demás durante la reunión, alguien habla desafiando al grupo para desarrollar un acto de servicio en el jardín de niños del barrio que requiere mantenimiento y una señora anciana ha tejido una bufanda para el hijito de una familia que está pasando penurias económicas. Cada que asistas a un grupo pequeño, pídele a Dios que te muestre cómo puedes contribuir para la edificación de los demás.
Miguel Angel Otero Hernández
Pastor de Educación, ICBG
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