Libres no para hacer lo malo, sino para servir
"Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros". Gálatas 5:13
El apóstol Pablo habla directamente a los creyentes, quienes conocen la verdadera libertad. La tienen por el llamado de Dios mediante la obra de Jesucristo. El vino “para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28).
Por eso no podemos pensar en esta libertad a la ligera, pues debemos recordar que nuestro Señor Jesucristo sufrió desprecio, burlas, humillaciones, una corona de espinas que sangraron su cabeza y rostro, una crucifixión que solo merecían los asesinos, ladrones y maleantes, o sea, tú y yo. Menos para quedarnos como cristianos carnales que toman como excusa el ser libres, como libertinaje para ser egoístas con el dinero y no diezmar (que es robarle a Dios), o dejar de ofrendarle (que es para expandir el evangelio y apoyar a viudas y huérfanos), y aun dejar de dar limosnas con excusa de que a quien se las damos lo usará malamente. Para darnos permiso de violar las leyes humanas que Dios permitió para bien de nosotros mismos.
La libertad que tienen los cristianos no es una plataforma desde la cual puedan pecar sin impedimentos ni consecuencias. La libertad cristiana no es para la satisfacción egoísta del individuo sino para servir a los demás. Cumpliendo de corazón los diez mandamientos, porque el que ama, los cumple todos. No por obligación sino por devoción que es la dedicación amorosa.
Agustín de Hipona lo resume así: “Ama y haz lo que quieras, porque de esta buena raíz del amor es imposible que brote ningún fruto malo”. Solo hay que preguntarnos a nosotros mismos: ¿es verdadero amor el que me impulsa a hacer lo que hago?
Martha Patricia Ivich de Rodríguez
Líder en Ministerio Mujer, ICBG
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