Sólo quienes ya han tenido un encuentro con Jesucristo
“18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” 2 Corintios 5:18-20.
Los aviones han sido diseñados para responder a alguna emergencia durante el vuelo. Si la presión del aire interno baja, entonces se acciona inmediatamente un dispositivo que provee de mascarillas con oxígeno, para cada pasajero. Los sobrecargos instruyen previamente diciendo: “primero usted coloque su mascarilla y enseguida ayude a otros”. Imaginemos que la compresión del aire disminuye en el avión, suena la alerta, bajan las mascarillas y usted se adelanta a colocar primero la de alguna persona. Es my probable que por falta de su propia mascarilla, comience con dolor de cabeza y sean más lentos sus movimientos para ayudar. Sólo las personas que han tenido un encuentro con Jesucristo pueden enseñar correctamente el camino de la salvación a otros. Experimentar la reconciliación con Dios significa que hemos sido aceptados, perdonados, justificados, salvados. Y esto es maravilloso. A partir de ese momento la vida tiene propósito. Hay esperanza, confianza, paz, dirección.
Sólo las personas que han sido reconciliadas con Dios, mediante el arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo, tienen una buena historia, un testimonio real para compartir. La mayoría de las historias de personas, -amigos, vecinos, familiares, compañeros-, que hoy escuchamos son de devastación, de desconfianza, de inseguridad, de miedo. Tú puedes hablar de lo que ha pasado en tu vida con Cristo. Porque es real. Es cierto. Quien ha aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador, aprende a vivir confiando en Dios. Y este es un remedio que no podemos ocultar. Al compartir el mensaje de esperanza, estás libertando a otros de sus ataduras: “no puedo, mi destino es sufrir, ya no tiene caso, ya es tarde”, y otros más.
Dios ha diseñado el plan para que toda persona sea liberada del pecado y del poder del diablo. ¿Sabes quién les ayudará? Nosotros, quienes hemos sido reconciliados con Dios.
Los que hemos recibido el “oxígeno” espiritual, debemos acercarnos a nuestros amigos para mostrarles el camino de la libertad espiritual.
Constantino Varas de Valdez Contreras
Pastor de Proclamación, ICBG
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