Un Tesoro que vale la pena
“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo” Mateo 13:44
Quedó grabado en la historia. La noche del 14 de abril de 1912, durante su viaje inaugural, el Titanic chocó contra un iceberg y se hundió dos horas y 40 minutos después. Murieron 1517 pasajeros de los más de 2200 que viajaban a bordo. Previo al viaje, la empresa constructora Naviera White Star Line, señaló con orgullo: "Ni Dios puede hundirlo". Lo hundió tan solo un iceberg.
Los seres humanos nos hemos dado cuenta que somos tan inteligentes que podemos marginar a Dios de nuestros proyectos. ¿Pero esto funciona? Absolutamente NO. Nunca ha funcionado.
¿Qué es lo que funciona para vivir con satisfacción y gozo? Buscar los tesoros más valiosos y que no se devaluarán y nunca perderemos. Ese tesoro escondido es el evangelio.
Jesucristo comparó el reino de los cielos a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre o una mujer hallan, y lo esconden de nuevo, y gozosos van y venden todo lo que tienen y compran aquel terreno. ¿Por qué? Porque vale la pena esa tesoro. Entregan todo por obtener ese tesoro.
Siempre existirá la tentación de basar nuestra felicidad o estabilidad en las posesiones materiales. Pero ellas son inestables y no proporcionan la paz y el gozo duraderos.
En nuestra vida cotidiana, aprendamos a confiar en Dios. Ofrezcamos a él lo que tenemos: tiempo, tesoros, talentos. Que las posesiones sirvan para extender el evangelio, y no para estorbarnos en nuestro crecimiento espiritual. Sea libre de la esclavitud de los afanes materiales.
Quienes confían en Dios, aunque pasen por aguas frías o amenazantes, no tienen miedo porque Dios los llevará a buen término.
Constantino Varas de Valdez Contreras
Pastor de Proclamación, ICBG
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